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lunes, 21 de octubre de 2013

DE ABRÓCHENSE LOS CINTURONES

Una comedia romántica en el glamoroso mundo de la aviación.

AMOR EN LAS NUBES. Méx. 1968. Escrita, producida y dirigida por el guatemalteco Manuel Zecena Diéguez. Con Tere Velázquez, Sonia Furió, Bárbara Angely y Leonorilda Ochoa.

Cuatro  jóvenes y hermosas sobrecargos recién graduadas de "Aeronaves de México", que comparten un departamento con todo y doncella de servicio (Norma Mora), conversan sobre las expectativas tan prometedoras de su nuevo trabajo.

Por fin llega por teléfono su primera asignación. Allí comienza la historia. Vistiendo el sensacional uniforme, ninguna hará un vuelo nacional, ni será asesorada por nadie, para guiar su desempeño a bordo.

Las ciudades de Nueva York, Caracas, Los Ángeles y Madrid parecen ser las únicas rutas a las que vuelan, un ensueño total. Absolutamente fuera del argumento quedan los vuelos dobles, triples o de 5 escalas, de esos que finalmente pernoctan en Mérida, Monterrey o Guadalajara.

Cuando desembarcan, lo hacen más frescas que cuando llegaron a firmar. Ni siquiera cargan maletas, pues pareciera que del avión se las mandaban directamente al hotel de pernocta, para que no se molestaran.

Ya sea a bordo o de paseo por las metrópolis, conocen a los galanes más románticos del mundo y, a veces, no saben ni a cuál de ellos escoger para que sea su novio “oficial”, digamos. Entre ellos se encuentran:  Armando Silvestre, Eric del Castillo, Guillermo Murray, Alejandro Algara y Raúl Ferrer.

Las aventuras en las pernoctas mantienen un tono de comedia romántica, tan simpáticas como inverosímiles. Sin embargo, para quienes tenemos algo de historia en la industria aérea, resulta una película maravillosa, nostálgica, llena de ciudades y momentos que nos resultan muy familiares... 

La fotografía en Eastmancolor se vuelve especial cuando hay tomas de y desde los aviones. El DC-8 luce como siempre fué, espectacular. Como ya mencioné, tal pareciera que era el único equipo que las chicas volaban. Verla es un "must" para todos los sobrecargos, porque en realidad es un compendio de ese mundo desconocido y muy atractivo para la mayoría de los "terrícolas". **


Sob.Marcelino-H. 

DE PERNOCTA EN LA PAZ

La Paz. Vista panorámica del embarcadero, hacia el sur.

La vista del mar desde las habitaciones del hotel "Los Arcos" de LAP (La Paz, Baja California Sur, México) es como si se estuviera viendo una laguna, pues prácticamnete no hay olas. Situado en el lado este de la Península de Baja California, el puerto es bañado por las tibias y pacíficas aguas del Mar de Cortéz, a donde anualmente llegan las ballenas en la época del invierno boreal. 
La ciudad era pequeña, y como su nombre lo indica, muy pacífica. Como era un puerto libre había muy buenas compras de mercaderías importadas, y muy diversas, libres de impuestos. Además de que ofrecía una oferta gastronómica hecha a base de mariscos frescos y verdaderamente deliciosos. Recuerdo un puesto ambulante en el centro donde vendían unos tacos de camarones riquísimos.
Por la noche, después de cenar, se organizaba alguna fogata o lunada, si era el caso, para convivir con las demás tripulaciones, inclusive con las de "Mexicana". 
Por su forma arquitectónica el hotel, que era en forma de "V" en plena playa, al tratar de dormir se escuchaba el viento de una manera que siempre me impresionó, igual que en las películas de horror. Toda una experiencia. 
Actualmente, e igual que antes, se puede llegar a La Paz desde Mazatlán en el transbordador, por carretera desde Tijuana o Los Cabos y por supuesto en avión, ya que cuenta con un aeropuerto internacional.

Sob. Marcelino-H.

DE LA MAGIA DE VOLAR

Era fabuloso ver completo el avión en el que ibas a volar.

La gran mayoría de los que fuimos tripulantes de cabina, ya amábamos la aviación muchísimo tiempo antes de siquiera soñar con ser sobrecargos. Yo quería mucho más a mis avioncitos que a mis cochecitos, trenes eléctricos o demás juguetes. Yo siempre tenía aviones, muchos aviones. Además, lo que hacía que terminara de "sellar" bien mi idilio con los aeroplanos, es que a mi hermana y a mí, nos llevaban de viaje a lugares muy bonitos. Pero los más esperados y emocionantes eran aquellos en los que nos íbamos a ir en "Mexicana” o en “Aeronaves de México" o su filial, “Aerolíneas Alimentadoras”, sí, la del bimotor Twin Otter, que no llevaba sobrecargo, porque sólo tenía 18 plazas.

En la víspera, para mí era maravilloso ir con mi mamá a comprar el boleto a las oficinas de Juárez y Balderas, en pleno centro de la Ciudad de México. Pues desde allí ya comenzaba la aventura y la emoción. Días después, cuando llegábamos al aeropuerto a documentar la maleta y escoger los asientos de una tabla — o “rack” con el tipo de avión que iba a operar el vuelo— desde el que de un modo directo, los agentes de tráfico despegaban el “sticker” para pegarlo en el pase de abordar. Desde que escogía la ventanilla, ahí mismo, ya se me quería salir el corazón . Al cabo de un rato, después de escuchar el anuncio de la salida del avión por el altavoz: “Mexicana de Aviación anuncia la salida de su vuelo…”, uno tenía que caminar por la plataforma para subir por la escalerilla a un precioso tetramotor DC-6, a un Súper Cometa o a un Boeing 727-100.

Cuando el viaje iba a ser en “La aerolínea que va para arriba”, la historia comenzaba entonces en la oficina de boletos de “Aeronaves de México”, que estaba en el elegante edificio estilo francés de la avenida más señorial de la ciudad, el Paseo de la Reforma. Ya en el aeropuerto, esa era la gran ocasión para admirar, ya fuera desde la sala “B” con sus gigantes ventanales o desde su terraza al aire libre, la magnificencia de un DC-8 o el “moderno” y elegante diseño de esas pequeñas maravillas del “Caballero Águila”, el DC-9-15 ó 32. La emoción siempre era la misma. ¡Íbamos a volar, y de qué manera…!


Hasta en los vuelos más cortos a la playa, los amables sobrecargos siempre ofrecían un pequeño refrigerio, un vaso grande  de refresco o jugo, y café, siempre café. En las travesías más largas, si eran horas de desayuno, comida o cena, estas eran en grande. A mí siempre me parecían un festín, que comía con fruición mientras veía el mundo allá abajo. A veces me preguntaba si  así veía el mundo Dios

Por esto y por mucho más, para muchos de nosotros la "era dorada" de la aviación en México no es un sueño lejano o sólo un mito. Es una realidad que muchos disfrutamos desde siempre, con uniforme o sin él.

Sob. Marcelino=Herrera.